Toda la semana esperando ese momento, no podía aguantar las ganas. Caminé sin cesar y sin pensar que los pasos que avanzaba más tarde los tendría que volver a recorrer hacia el lado contrario, pero el destino al que me dirigía lo merecía.
"Sólo un poco más" me decía a mi mismo entre quejas y lamentos, "solo... un poco... más".
Sentía una agonía interior que podría ser capaz de provocar mi caída, pese a ello no me rendí, "ella está ahí" pensaba "no la puedo abandonar".
La montaña, a medida que escalaba, se hacía más grande y pesada; ¿sólo una hora? Parecieron años, siglos e incluso milenios, una gota de sudor recorría mi cara hasta pasar por mi cuello y así recorriendo todo mi cuerpo hasta caer al inmenso vacío del que no se veía el fin; más tarde, otras gotas precedieron a la primera, temía que mis manos sudaran, ya que me podría resbalar y caer directamente hacia el vacío infinito.
"Eso de ahí, ¿es la cima?" Pensé de forma acertada. De repente, mi cuerpo cobró energía como si hubiera tomado barritas energéticas a más no poder. No sentía los músculos, mejor, así no dolerían.
Cuando llegué, entre bastantes sollozos y jadeos, pude divisar a la joven y bella Alícia, su rubio y largo cabello ondeaba con el viento lentamente, sus ojos brillaban aún más cuando el sol la daba de perfil, su pequeña nariz de niña le daba un toque de "niña" muy lindo. Llevaba un largo vestido blanco y hermoso, a lo que me preguntaba cómo podría haber subido, que yo recordara, no era rica, no disponía de helicópteros privados o cosas parecidas, pero no importaba, lo importante es que estaba allí, junto a ella, sin decir nada, aunque un momento con ella era más que suficiente para alegrarme el día...








